¿De qué estamos tan cansados los mexicanos?

IntroOK

Un nuevo día, otro hashtag dedicado al hartazgo. Las redes sociales encapsulan todo aquello que desestimó el poder cuando comenzó el sexenio. Ahora, la virtualidad se ha convertido en el último frente para intentar comunicarse con los tomadores de decisiones.

El panorama no es sorpresivo. Los medios masivos han sido prácticamente domesticados con el regreso del régimen. Existen algunos comunicadores—recalco comunicadores, no medios—que mantienen su integridad a pesar de todo, pero son muy pocos. Imperan el compadrazgo, los favores, la estulticia. En ausencia del mensaje crítico, el diálogo se ha intensificado en las redes. Parece una conversación constructiva, aunque no lo es. Lo que vemos son gritos de un lado para que el otro baje un segundo de su pedestal y así lograr un vínculo, aunque sea mínimo, en donde ambas partes se vean cara a cara de forma horizontal. Esos gritos tienden a la violencia.

El catalizador emocional del conflicto fue una desafortunada declaración del 7 de noviembre. Después de eso, la organización colectiva y los enfrentamientos. Es el camino que siguen todas las revoluciones sociales, aunque yo veo una gigantesca brecha entre lo que ha sucedido en otros países cuando un hecho violento sacude a la sociedad y la misma responde con toda su energía ante esa agresión. El vacío está en la base de la sociedad. No existe entendimiento del otro, ni compasión, ni valoración de lo diferente. Las razones son históricas, sociales, económicas. El fondo es el mismo: la apropiación de lo público dista tangencialmente de cabeza a cabeza. Hemos aprendido que lo público debe ser maltratado cuando realmente es lo más preciado que tiene cualquier sociedad. Es lo que une a sus integrantes. No en México. Lo público—las instituciones mismas—rechazan cualquier intromisión del exterior porque han sido sostenidas, al menos desde 1929, por aquellos que forman la sociedad misma y, de inicio, no encuentran empatía con el mexicano de a pie. El abismo.

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WhatTheTrend-YaMeCanse

A todo, ¿de qué sentimos tanto cansancio los mexicanos? El #YaMeCansé ha acumulado hasta el momento más de 3 millones de participaciones. Es el símbolo de la cúspide social que ha soportado décadas de corrupción, violencia y manipulación. Ahora compacta las quejas, sueños y esperanzas de todos aquellos que quisieran cambiar al país, pero no encuentran canales para lograrlo. Es una especie de plegado nacido en Ayotzinapa de donde gotean otras vocalizaciones (vociferaciones) hacia todo aquello que está mal o es injusto. En los últimos días no ha parado su marcha, de acuerdo con Topsy. La enorme actividad del hashtag se detalla abajo. En poco más del último mes ha sido segundo más popular del mundo, sólo detrás del fenómeno MTV.

#YaMeCanse

3 millones 91 mil interacciones en el último mes

#YaMeCanse2

un millón, 252 mil

#YaMeCanse3

321 mil

#YaMeCanse4

97 mil

#YaMeCanse5

202 mil

#YaMeCanse6

170 mil

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Tal vez de forma más sintética y eficiente ruedan miles de imágenes que aluden al cansancio mexicano. Prácticamente cualquier reclamo al gobierno se está canalizando a través de ese HT. Muchas bromas también, como sucede con cualquier HT que es así de general. Pero mayoritariamente los reclamos provienen de ciudadanos con inquietudes políticas, algunos con claras inclinaciones políticas. Las redes y las herramientas digitales que tienen ciclos informativos de 24 horas no están ligadas a las estrategias mediáticas del pasado. Un lapsus de insensibilidad política puede durar meses. La respuesta tardía complica el llamado a la razón, a la paz. Así se la han jugado. Es crítica y oportunidad para estrechar los lazos y eliminar las diferencias entre “nosotros” y “ellos”.

En pocas palabras, de acuerdo a la revisión hecha de los hashtags antes menciones, los mexicanos estamos hartos de:

  1. La corrupción en todas sus formas
  2. La violencia
  3. Los abusos de autoridad
  4. La incapacidad del gobierno para resolver problemas
  5. El nepotismo y los compadrazgos
  6. El cinismo de los políticos para enriquecerse
  7. La manipulación que circula en los medios masivos de comunicación
  8. El desprendimiento de aquellos que deberían procurar el orden
  9. El caos en los procesos legales
  10. Los hechos que separan lo que es de aquello que debe ser

Como se puede ver, la gran mayoría de estas reclamaciones apuntan hacia arriba, hacia los estratos de poder que asimilan las instituciones nacionales. “Cambiar arriba seguramente hará que todo mejore”, dicen los más activos. Esto es falso. Los cambios sociales sólo se dan cuando la sociedad misma está dispuesta a realizarlos. El ejemplo más claro, si bien banal, lo tiene el lector en su bolsillo o frente a él: hasta hace unos años era impensable depender con tal inocencia de nuestro celular. Hoy, la sociedad misma ha aceptado que sin esta máquina el individuo no puede funcionar, muchos menos aquel que vive en áreas urbanas. El aparato implica un gasto económico fuerte, apego irrestricto al mismo y a veces más problemas de comunicación que soluciones. Y, aún con todo esto, la sociedad abraza un pensamiento que proviene del uso constante del mismo. Cambia sus pensamientos porque ha cambiado sus procesos. Encuentra unanimidad en su uso y provisión. El cambio viene desde la base. El primer paso se da en lo más bajo o se construye en la nada.

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EduPortas

Historiador y periodista. Doy clases en la Ibero y la Anáhuac. Me gustan los peces.

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