¿Qué movió a los mexicanos en los dos primeros meses del año?

El penúltimo año del sexenio tuvo un inicio sumamente convulso. A principios de enero, el Gobierno federal resintió los efectos del aumento del precio de la gasolina, lo que se conjuntó poco después con la toma de posesión del presidente Donald Trump. En paralelo, comenzó a solicitarse un movimiento nacionalista que ha sido aprovechado por Andrés Manuel López Obrador.

INTRODUCCIÓN

Las tres variables se suman a otros problemas culturales e históricos del país, incluyendo, pero no limitado a la corrupción, falta de transparencia, dependencia al dólar y a las políticas de la Fed, y fragmentación de las distintas corrientes políticas, independientemente del partido político al que dicen pertenecer. Ese ultimo inciso está relacionado con la incertidumbre alrededor de los candidatos independientes rumbo al 2018.

Por lo pronto, sin embargo, los tres temas más importantes impactan a los que llevan procesos históricos con tiempos bien definidos, en particular los políticos.

Estos tres macro-temas no deben perderse de vista al considerar la realización de planes estratégicas en el corto y mediano plazo:

  • Precio de la gasolina e inflación derivada de su aumento
  • Políticas y mensajes enviados por Donald Trump y/o su gobierno
  • Aumento de popularidad de Andrés Manuel López Obrador

A lo largo de este reporte notamos con claridad que la opinión pública alrededor de un fenómeno incide en la realidad y no solo eso, sino que construye una nueva realidad que nace de esa percepción. Esto no es nuevo. Los políticos han usado ese recurso desde la Antigüedad. Lo que sí es nuevo es la velocidad con que esa nueva realidad se construye.

La combinación de angustia y redes sociales apenas se comienza a entender. Las emociones fluyen, la irracionalidad es un lugar común. Ese alto grado de incertidumbre fundamenta la nueva era digital.

Es un mundo en donde los consumidores están alineando su dinero con sus ideales, ya no solo con sus opiniones políticas. Algunos especialistas lo definen como “The Age of Hate”, en donde cualquier obstáculo a la satisfacción personal o idea contraria a la creída por el individuo será vociferado a través de las plataformas digitales, más allá de la razón o la verdad alrededor del hecho específico (posverdad).

METODOLOGÍA

Para este reporte se utilizaron 57 mil tuits recogidos entre el 16 de enero y el 27 de febrero. Técnicas de investigación utilizadas: investigación documental, análisis de discurso, observación no participante (marcha #VibraMéxico). Las principales líneas discursivas de los temas explicados se obtuvieron al analizar aquellas cuentas de Twitter que lograron mayor alcance al hablar del tema en cuestión, rastreando ciertas palabras clave específicas junto con operadores boleanos.

#GASOLINAZO

La infraestructura energética del país carece de la fortaleza necesaria para que otros competidores lleguen a sustituir de forma inmediata a Pemex o puedan tan siquiera competir contra ese organismo, aún cuando el precio de los energéticos sea liberado por fases del control oficial a lo largo de este año.

Ese interludio, entre la “flotación” internacional del precio del petróleo y la llegada de nuevos competidores, será el más difícil para los consumidores, pues estarán a la expensa de un monopolio que ya no tendrá el privilegio de fijar sus precio según las consideraciones políticas del momento.

Ha quedado claro que el Gobierno federal ha realizado cálculos políticos y no solo técnicos en su nueva implementación de precios de la gasolina, en vista de la enorme inconformidad social que provocó el aumento del 20% de principios de año.

Recordemos que la causa de esta acelerada liberación del mercado energético fue la considerable subida del dólar vista durante el verano del 2015, a lo que el gobierno respondió en septiembre del 2015. Ese aumento sacó de balance las estimaciones del Gobierno federal y por eso tuvo que acelerar el proceso de liberación, originalmente pactado para el 2018.

En Twitter, el discurso en contra del gasolinazo ha sido “secuestrado” por Morena, PT y el PRD, tanto de sus seguidores como por actores de esos organismos políticos. En esencia, piden derogarlo o, al menos, reducir la cantidad de impuestos que el Gobierno federal recauda por cada litro de gasolina vendido al consumidor. Otros grupos de izquierda abogan por lo mismo, con matices.

Hay un grupo considerable de ciudadanos que considera que echar abajo el gasolinazo es posible. Pero no solo eso, de la mano del rechazo hay una desconfianza generalizada del próximo golpe al bolsillo. Esa incertidumbre, así como el primer golpazo de enero, ha roto cualquier capacidad de entendimiento con la ciudadanía que pretendía mantener el gobierno del presidente Peña Nieto, muy a pesar de su esfuerzo por explicar que los precios ya no serán subsidiados y que eso, a la larga, será lo mejor para el país.

El factor Trump tampoco ayudó a bajar el volumen de la critica en contra del gobierno del presidente Peña Nieto. La combinación de ambos temas–Trump y gasolinazo–puede resultar explosiva.

TRUMP Y LAS POLÍTICAS DE ESTADOS UNIDOS VS. EL NACIONALISMO MEXICANO

El sentimiento es generalizado en todo el mundo hispano. La percepción es que el estadounidenses traerá nada menos que un Apocalipsis al mundo de las formas y los pensamientos a los que los hispanos se han habituado. El desazón está ligado al cambio que propone el magnate.

Ningún país ha resentido este cambio más que México. Desde noviembre, el impacto de Trump ha puesto al país de cabeza. Se habla de renegociar el Tratado de Libre Comercio (TLCAN), en vista de las declaraciones de Trump, quien ha dicho que Estados Unidos saldrá de cualquier convenio que no le convenga. Por un lado ha hecho guiños al gobierno mexicano; por el otro, ha manifestado que las empresas de su país son determinantes para su plan. Empresas, sociedad civil y gobierno, mientras tanto, repiten que México debe hacer su mejor esfuerzo para negociar con Trump y su gobierno para rescatar alguna ventaja del Tratado.

Aquellos optimistas no escucharon su discurso inaugural, en donde dijo textualmente “la protección nos dará prosperidad y fuerza” y repitió hasta el cansancio que Estados Unidos sería el primer y único factor determinante para su gobierno. Claro que hizo muchas promesas populistas. Claro que su discurso fue enfocado a los estadounidenses que le dieron la victoria presidencial. Claro que arengó por un cambio en las élites políticas y económicas de ese país. Todo esto ya lo había prometido en su campaña.

Por abajo de la mesa, sin embargo, aprovechó para pegarle a México y China, pues “otros países se han enriquecido a costa de Estados Unidos, en particular de las clases medias”. Las fronteras también fueron mencionadas peyorativamente. Son un lugar que trae problemas a los ciudadanos estadounidenses, los cuales “ganarán” más que nunca gracias a la premisa “compra lo americano, contrata a americanos”. Prometió riquezas, sueños, orgullo nacional y la sangre roja de los patriotas.

Algunos analistas han notado que las declaraciones de Trump deben ser matizadas. Cuando habla de “protección” no se refiere al proteccionismo de antaño, sino al ajuste de aranceles para potenciar a la economía de Estados Unidos. Otros dicen que el Congreso le pondrá un freno. Otros aún opinan que ladra mucho y muerde poco.

Un grupo sumamente conocedor dice que Estados Unidos no saldrá del TLC, sino que analizará la entrada de productos que cubran ciertas cuotas de manufactura por país para proteger a las compañías de Estados Unidos que arman sus productos en cadenas regionales con artefactos e insumos de ese país y, de esa forma, lograr aplicar un arancel directo a todos aquellos bienes que estén hechos primordialmente en otros países (las famosas “reglas de origen“).

Ese hecho también desincentivará a las compañías a salir de Estados Unidos para manufacturar sus bienes en otros lares. De forma paralela, el presidente asegura que recortará impuestos corporativos y al salario para impulsar la producción local.

Ante este panorama, México deberá ser sumamente cuidadoso para cuidar sus intereses, mantienen los expertos. El gobierno, en pocas palabras, dice lo mismo. Otros ya hablan de un “Mexit” en caso de que las negociaciones no sean satisfactorias para el país, el cual saldría de tratos que le pegarían a la cartera y al orgullo nacionales.

Los eruditos aseguran que la racionalidad hará cambiar de parecer a Trump, que sus propuestas son insolventes y que Estados Unidos acabará por morderse la cola cuando comience a ver que su poderío es, en realidad, un obstáculo para su propio crecimiento. En síntesis, que la globalización como la conocemos aún puede salvarse.

La ideología del presidente estadounidense tiene algunos tintes “vitalistas”, en donde la “voluntad del poder” se define como cualquier fuerza, inorgánica, orgánica, psicológica, y tiende a su auto-afirmación: no se trata solo de una voluntad de existir, sino de ser más. Es el fondo primordial de la existencia y de la vida.

Ante todo, este tipo de vitalismo es irracional. No guarda relación con la lógica socrática o aristotélica-tomista. Su único fin es la vida en sí, representado a través de cuatro características esenciales:

  • Irracionalidad (la racionalidad no es el único parámetro de la existencia)
  • Inconsciencia (la racionalidad no añade mayor perfección)
  • Falta de finalidad (la existencia es el único fin de todo)Impersonalidad (las fuerzas chocan entre sí para auto afirmar su existencia)

Pero en definitiva, sabe que canaliza esas “fuerzas vitales” en sus discursos y en su propia persona. De otra forma, nunca habría podido ganar la elección. Su gran apuesta fue sumar las voluntades de sus votantes. Y lo logró. Desafortunadamente para México, dichas fuerzas contemplan pasar por arriba de la racionalidad y, hay que decirlo, de sus propios vecinos. El Ser (Estados Unidos) es su principal y único motor. No contempla compartir ese Ser, esa voluntad, con aquellos que le son diferentes. Esa es la base del orgullo nacional y de su mandato.

A lo largo de toda su campaña, por ejemplo, usó al auto como símbolo estadounidense a recuperar. México ha tenido un crecimiento explosivo en esa sector, según Trump, a expensas de su país, el cual relaciona su propio avance con el de los autos. De hecho, es imposible separarlos a ambos: Estados Unidos es sinónimo del automóvil. Desde esa perspectiva, parte de su orgullo nacional ha sido arrebatado por México.

Videgaray, el que ha sufrido mayor golpeteo

La opinión pública ha sido despiadada con este funcionario. No se le olvida que fue una pieza central de la reforma energética y que ahora, como responsable de las Relaciones Exteriores mexicanas, tiene una labor complicadísima para lidiar con el gobierno de Trump.

El momento más crítico, hasta ahora, fue la visita de finales de enero a la Casa Blanca.

Desde la reunión de octubre de 2016 entre el entonces candidato Donald Trump y el presidente Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray no había tenido una semana tan desastrosa a los ojos del ciudadano de a pie. Pero la gran diferencia es que su participación intelectual en ese primer hecho fue sustituida por un viaje a Estados Unidos, ahora con Trump en el poder, que no resultó productivo ni amistoso.

En general, los tuiteros le achacaron no haber visto la obvia treta de Estados Unidos y continuar con una labor que parece quijotesca: defender los intereses de México con el diálogo y la razón cuando en realidad no se puede tratar de esa forma a Trump y su gente. La pinza se cerró aún estando ellos en la capital estadounidense cuando la Casa Blanca anunció formalmente sus planes para construir el muro entre ambas naciones y amenazó con imponer un arancel del 20% a todos los productos mexicanos que entren a EEUU.

Aquellos actores que llegaron a tener mayor alcance en las redes representan un bloque intelectual muy firme, compacto, que ha sido particularmente crítico con las acciones mostradas por el gobierno mexicano. Además de los hechos descritos arriba, cuestionan la ausencia de orgullo nacional con la que el gobierno mexicano ha actuado. Ven la relación entre México y Trump como asimétrica, con un “México-tapete” que ha sido pisoteado por el gobierno del norte. Esta vanguardia intelectual coincide con la vox populi.

Otro sector, como es habitual en las redes, ha tomado el asunto con humor. Sin embargo, a diferencia de otros casos, el grueso de los tuiteros siente más indignación que comicidad en este caso.

Llama la atención que políticos, funcionarios e intelectuales han pasado por alto al activo más importante que se tiene contra el actual gobierno de Trump: los ciudadanos mexicanos. Esos grupos han buscado grandes soluciones, pero la realidad les está revelando que esto no se podrá solucionar por la vía legal y puramente lógica. Al contrario, tal como lo hizo Trump, parece que se tendrá que llamar, tarde o temprano, a la unificación de voluntades del pueblo mexicano, con todas las consecuencias que eso implica. El Gobierno federal lo ha tratado de hacer, pero en vista de su alto índice de desaprobación, el llamado no ha surtido mayor efecto. Pero además, como notan algunos analistas, hay un vacío de liderazgo social en México. Nadie, salvo el ex presidente Vicente Fox, ha salido a defender la base de la sociedad mexicana, en particular de la clase media.

El renovado nacionalismo mexicano

A pesar de eso, el efecto Trump ha revivido el nacionalismo mexicano, el cual tiene una larga historia. De hecho, el nacionalismo criollo, han notado los historiadores, es la razón de la existencia del país. Pero el efecto Trump ha traído de vuelta ciertos hechos particularmente dolorosos: la guerra México-EEUU (1846-1848), la consecuente pérdida de más de la mitad del territorio, la ocupación de Veracruz 1914 y la expedición punitiva de 1916.

Sería ingenuo pensar que la Historia no permite el cambio, tal como lo vemos ahora con Trump, y que las naciones, mediante su propia volición, olviden buscar aquello que les parece más benéfico. Los estadounidenses despertaron a esa realidad y lo pusieron en el poder. México, en cambio, aún vive anclado a su pasado

inmediato: aquel que produjo el TLC y que, al menos para algunos, significó crecimiento económico.

En consecuencia, un grupo de mexicanos ha llamado a boicotear a ciertas empresas estadounidenses que operan en México. El efecto ha sido limitado, pero ciertas empresas, como Alsea en particular, han tomado nota de esto y han tratado de convencer a la opinión pública, mediante el uso de los medios y listas de correos, que realizan una actividad valiosa para el país, operando licencias estadounidenses como Starbucks.

Dichos movimientos no toman en cuenta las sutilezas de los productos hechos en el país y, cada vez con mayor frecuencia, el sello “Hecho en México” se usa para notar el orgullo nacional, dado que a enorme mayoría de los mexicanos conoce este símbolo, gracias décadas del esfuerzo combinado de empresarios y gobierno.

El sello está siendo utilizando para aglutinar, sin mayor discriminación, las siguientes variables:

  • Primer nivel: productos hechos en México con capital mexicano e insumos mexicanos
  • Segundo nivel: productos hechos en México con capital extranjero e insumos mexicanos
  • Tercer nivel: productos hechos en México con capital extranjero e insumos extranjeros

Sin embargo, no debe pasarse por alto que una buena parte de la población rechaza ese sentimiento nacionalista por ser, a su parecer, pro-gobiernista. Otro sector que rechaza dicho sentimiento está más bien ligado a los estilos de vida y consumo importados de lógicas estadounidenses. Este segundo sector sigue mistificado por la cultura y el estilo de vida de EEUU, en vista de que sus técnicas de “poder suave” han resultado exitosas (películas, series televisivas, propuestas de vida).

La división se vio con claridad en la marcha #VibraMéxico, en donde la “izquierda dura” denostó la manifestación, a la cual asistieron al menos 20 mil personas, según las autoridades de la Ciudad de México. Este grupo considera que la marcha, y en efecto los llamados a defender los productos nacionales de empresarios locales, no deben tomados en cuenta porque:

  • Se defienden los intereses de las capas más altas de la sociedad
  • Mantienen el respeto institucional a las estructuras de gobierno (lavarle la imagen)
  • Guardan intereses ocultos que van contra el pueblo
  • Se acercan al pueblo “solo cuando les conviene” e incluso reprueban las marchas cuando no les conviene
  • El gobierno, no Trump, es culpable de “desastre nacional”
  • Las acciones de ese grupo de tuiteros fueron suficientes para que los medios tradicionales cuestionaran la utilidad de la marcha y recalcaran el divisionismo nacional, a pesar del tono ciudadano de la manifestación.

En síntesis, algo ha quedado muy claro. Si se quiere asegurar el éxito de un acto masivo no basta tener la constatación física del mismo, aquella que históricamente han ofrecido los reporteros y los profesionales de la información. Ahora se necesita tener del buen lado a los distintos grupos que arengan a las masas digitales, particularmente los que son más afectos a la izquierda. Esa afirmación se hace más importante cuando un acto no es “apadrinado” por ningún político en particular, es decir, cuando pertenece más a los ciudadanos de a pie que a otros grupos, quedado expuesto en distintos flancos.

LA OLA FAVORABLE A LÓPEZ OBRADOR

Como hemos notado a lo largo de este reporte, las redes sociales tienden a producir lógicas reduccionistas alrededor de fenómenos sociales complejos. La consecuencia de esta condición binómica es el reciente aumento de popularidad del izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

En general, un buen grupo de personas que emite su opinión en el mundo digital lo apoya ciegamente. Es imposible decir con precisión su número total de fanáticos mediante las herramientas digitales más populares, pues existe un riesgo muy claro de sobrevalorar la cifra total, en vista de la facilidad que implica “inflar” esos números.

Lo que sí queda muy claro es que, desde el 2012, los que apoyan a López Obrador lo hacen con mayor ruido que los que apoyan a otros políticos. De ahí la fama que se les ha hecho de “intolerantes”, “chairos”, y “pejezombies”. Su referente intelectual, sin duda, es la periodista Carmen Aristegui, la cual relanzó su noticiario matutino a través de la red el pasado 16 de enero.

Aristegui preparó su regreso durante casi dos años y su apuesta le resultó, pues las plataformas digitales permiten la reproducción y redifusión asincrónica de sus mensajes. Sus programas subidos a YouTube pueden ser compartidos fácilmente aún semanas después de haber sido transmitidos. Así, en las nuevas batallas ideológicas ya no basta con ser escuchado, sino que hay que ser visto más allá del aparato televisor y la radio. La omnipresencia es un requisito, no una opción.

Sin embargo, otro numeroso contingente de las redes sociales detesta al tabasqueño y cualquier acción que realice. Es un político que genera enorme división entre los tuiteros por sus inclinaciones populistas y sus facilidad de palabra. El empuje que ha tenido como oposición natural a Donald Trump lo coloca como un candidato viable a retomar las corrientes nacionalistas expuestas en el inciso anterior.

El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos benefició a López Obrador porque los extremos se tocan. El “populismo vital” de Trump, con todas sus circunstancias particulares, comparte ciertos rasgos con el de AMLO. Ambos, al menos en el discurso, justifican sus acciones por voluntad del pueblo. Ese manto les permite cambiar posturas sin mayor afectación en su imagen pública.

Pero a pesar de ese traje camaleónico, el tabasqueño tiene un fuerte estigma en las redes sociales. Las principales ideas alrededor de AMLO son aditivas. Es decir, se suman a todas aquellas que ya se agrupaban alrededor de él desde que era Jefe de Gobierno de la Ciudad de México (2000-20006) y aún desde que pertenecía al PRI. De ahí la polarización alrededor de su figura y la frecuencia con que surgen hashtags específicos a favor o en su contra.

Aquellos que desconfían o rechazan a López Obrador argumentan las siguientes líneas discursivas:

  • Se la pasa viajando con el dinero público
  • Se contradice constantemente
  • Hace promesa tontas
  • Es “amigo” del ex gobernador que “mandó matar” a los 43 estudiantes de Ayotzinapa
  • Es un alborotador
  • Si no estás con él estás en su contra
  • Odia a las palomas (la idea viene de una serie de fotos que circularon en donde aparece persiguiendo a unas palomas en la calle)
  • Dice que maneja un Tsuru pero en realidad se mueve en una Suburban
  • Si gana, su gobierno traería algo similar a la situación de Cuba o Venezuela
  • Es igual a Chávez o Maduro
  • La periodista Carmen Aristegui es parcial a su candidatura, y por lo tanto, de ganar en las elecciones, la pondría en un puesto administrativo que tendría que ver con los medios del Estado
  • No ha terminado su licenciatura
  • Apoya al socialismo, una “doctrina de la envidia”
  • Salió del PRI y, por extensión, su ADN ha sido corrompido
  • Es el “viejo PRI”
  • No tolera las diferencias
  • Mueve a los ignorantes
  • Alrededor de él “hay ratas”
  • Es cercano a Marcelo Ebrard y por lo tanto, al escándalo de la Línea 12 del Metro de la
  • Ciudad de México
  • Cuando no le gusta algo hace marchas y bloqueo

CONCLUSIÓN

Los tres hechos considerados en este reporte—gasolinazo, políticas de EEUU -Trump y el resurgimiento del nacionalismo, así como el aumento de popularidad de López Obrador—magnifican la relevancia del valor específico que la información ha tomado en los últimos meses como generadora de conocimiento.

Si bien es fácil ser abrumado por la imparable cantidad de datos que se generan todos los días, consideramos que los temas resaltados en este documento significan los más importantes para la opinión pública digital porque son aquellos que asumen una dimensión transversal a todos los otros temas secundarios que aparecen cada día.

Para empresarios y tomadores de decisiones, una correcta valoración de estos temas, sumamente sensibles, es crucial para su planeación estratégica a corto y mediano plazo. Ignorar dicho conocimiento incrementa el riesgo de aparecer ante la opinión pública como insensible, desfasado o anacrónico. Recomendamos un monitoreo constante de estas variables, en especial si se deben realizar acciones que implican exponer a su empresa u organización a la opinión pública en los próximos meses.

Todos los derechos reservados. Eduardo Portas 2017. Cualquier reproducción de este texto queda prohibido por las leyes de Derecho de Autor. Si quiere hacer uso de un extracto de este texto, por favor contacte a @EduPortas

 

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EduPortas

Historiador y periodista. Doy clases en la Ibero y la Anáhuac. Me gustan los peces.

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