El fracasado #ArrimónMasivo y la vigilancia digital del Estado: ¿cómo están relacionados?

Desde hace varios años mis lectores me hacen la misma pregunta: ¿no crees que deberías ser más cuidadoso con lo que publicas en tus redes? ¿No te preocupa que el Estado pueda estar monitoreando lo que haces y lo que difundes? Invariablemente les respondo siempre lo mismo: desde antes de que las redes sociales comenzarán a popularizarse, el Estado ya nos estaba checando. 

Por Eduardo Portas @EduPortas

Teléfonos intervenidos, registro de compras electrónicas, estados de cuenta. Todo siempre lo ha conocido el gobierno en turno, queramos o no. Si naciste antes de los 80 esto no tendría por qué sorprenderte.

La justificación de dichos monitoreos siempre ha sido la misma: el Estado nos vigila por la propia seguridad de todos sus gobernados. Esta semana vimos dos casos en donde las autoridades tomaron dos caminos distintos a partir de su revisión de las conversaciones públicas de sus ciudadanos.

El primer caso sucedió en el Estado de México cuando un alumno de la preparatoria 2 de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) atacó a varios estudiantes con un hacha y una bomba molotov, hiriendo al menos a ocho, uno de ellos de gravedad. El rector de esa casa de estudios declaró que la conducta del atacante había sido influenciada, muy probablemente, por la Legion Holk, un grupo digital que también sonó a principios de año por el comportamiento de un alumno que mató a una maestra e hirió a varios compañeros con una pistola en una escuela privada de Nuevo León.

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Pero en la entrevista radial en donde el rector mencionó a ese grupo, también dijo que desde hace tiempo revisaban las actividades de las computadoras de las escuelas ligadas a la UAEM. No dijo que vigilaban las conversaciones de sus alumnos, pero sí aceptó que ciertos comportamientos podían ser detectados cuando un usuario accedía a ciertos sitios, y, en consecuencia, levantaba “banderas” en sus sistemas computacionales.

Entonces, si conocían las actividades de algunos de sus alumnos, al menos a grandes rasgos, ¿por qué no hicieron nada para evitar el ataque del jueves 2 de marzo?

El otro caso tiene que ver con las imágenes que el lector ve en esta entrada. Durante la semana, en las redes, principalmente por Facebook, se convocó a realizar un #ArrimónMasivo en el metro de la Ciudad de México el sábado 4 de marzo. (El año pasado también se hicieron varias convocatorias). Al final, el acto no generó ningún seguimiento en el mundo real: la gente no asistió por el destacamento policiaco que el Gobierno de la Ciudad de México desplegó desde las primeras horas del fin de semana. No solo eso: las autoridades capitalinas dieron alta exposición mediática al movimiento policial y a sus intenciones para evitar el arrimón, por si acaso algún despistado no se había enterado y pensaba acosar a las personas en el transporte público.

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[Por cierto que un grupo salió indirectamente afectado por el fracasado #ArrimónMasivo. Me refiero a las personas que, desde hace varios años, utilizan las redes para hacer citas en el Metro capitalino y hacer un “arrimón consensuado”. El grupo tiene reglas claras y se opone tajantemente a cualquier abuso. Pero en este caso salieron golpeados: les robaron su logo, el que se ve al principio de este post, y además han tenido que cerrar su página de Facebook, la cual tenía miles de seguidores, supongo que por el acoso de otros individuos que los han confundido con aquellos que armaron el #ArrimónMasivo. A pesar de eso, su Tumblr aún funciona. Su cuenta de Twitter también.]

Así que, después de ese contexto, llegamos a la pregunta que motivó esta entrada: ¿hasta dónde es permitido que el Estado vigile nuestras conversaciones? Entiendo que aquello que se publica en las redes sociales es público. Este blog se fundamenta en esa premisa. Sin embargo, los dos casos de esta semana obligan a reflexionar sobre la misma cuestión. En el primero, el resultado fue desastroso porque no se previno una actividad ilícita. En el segundo, sí se hizo algo y se mantuvo la paz en un sitio de alto flujo de personas, que de hecho, ya sufren arrimones todos los días cuando el Metro está abarrotado, o sea, casi siempre.

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Al final del día queda evidenciada una sola cosas: cuando se trata de instituciones públicas o lugares en donde hay mucha actividad juvenil, las autoridades están monitoreando lo que la gente dice y así, adelantándose a sus intenciones bajo el viejo precepto de Saussure y sus pupilos estructuralistas que legaron el “primero lo pienso, después lo digo y al final lo llevo a cabo”.

¿Será que la inercia nos acerca a un futuro cada vez más cercano a la famosa sociedad pre-criminal imaginada en la novela The Minority Report, de Philip K. Dick en donde los derechos a la privacidad–y los Derechos Humanos, en general–han pasado a segundo plano? ¿Es esa la única forma de conseguir “el bien para la comunidad”?

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Todos los derechos reservados. Eduardo Portas 2017. Cualquier reproducción de este texto queda prohibido por las leyes de Derecho de Autor. Si quiere hacer uso de un extracto de este texto, por favor contacte a @EduPortas

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EduPortas

Historiador y periodista. Doy clases en la Ibero y la Anáhuac. Me gustan los peces.

3 thoughts on “El fracasado #ArrimónMasivo y la vigilancia digital del Estado: ¿cómo están relacionados?”

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