El caso @Plaqueta y el eterno machismo del tuitero mexicano

Desde principios de año he notado un claro aumento en hashtags y temas que agreden directamente a las mujeres o su condición social en México. Esta ola de intolerancia y misoginia ha resurgido de la mano de la tendencia conservadora por la que pasan diversas democracias avanzadas del mundo industrializado. Sin embargo, la combinación de esa renovadas tendencias discriminatorias y las particularidades históricas de México, provocan un ambiente digital abiertamente nocivo contra aquellas mujeres que osan alterar el orden social de nuestro país.

Por Eduardo Portas @EduPortas

Seré honesto. Hasta ayer no había escuchado de la bloguera @Plaqueta. Pero me pareció interesante rastrear la conversación en Twitter alrededor de su persona cuando noté que el tema comenzó a subir en la lista de Trending Topics en México. Después de todo, esta es la tercera vez en menos de un mes que saltan este tipo de TTs, lo cual he documentado anteriormente, como en el caso del gráfico maestro de prepa y el fracasado #ArrimónMasivo. Algunos incluso opinan que la violencia callejera contra las mujeres es tan permisiva que se ha normalizado, lo que reafirmaría mi entrada del 2013 sobre el tema.

[Actualización: el tema volvió a tomar fuerza en Twitter durante la noche del viernes, ahora con la participación masiva en el HT #LadyPlaqueta]

Para aquellos que no conozcan el asunto @Plaqueta, lo resumiré en una cuantas palabras: un taxista le dijo “guapa” y ella decidió denunciarlo a la policía por acoso. La denuncia procedió como falta administrativa. Los mensajes con su relato de los hechos y las evidencias fueron ampliamente difundidos.

Poco después, una cascada de mensajes misóginos, violentos, machistas, discriminatorios y abusivos fueron dirigidos a su cuenta. Tan solo en el periodo que yo los rastree–es decir, de la tarde del jueves a la mañana del viernes–la bloguera recibió nada menos que 20 mil mensajes. La enorme mayoría de ellos fueron en su contra (9 de cada 10, a mi parecer).  Los 20 mil tuits pueden ser descargados aquí. Solo utilicé su nombre de usuaria en Twitter para recolectarlos, por cierto.

En esta ocasión no huno un HT que dominase la conversación. Lo que sí llama la atención es la relación entre “replies” y tuits. De nuevo, gran parte de ellos fueron enviados como cuestionamiento a la bloguera.

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El CONTEXTO HISTÓRICO DEL MACHISMO MEXICANO

Las raíces del machismo mexicano son tan difíciles de encontrar como perniciosas. El problema es que las tecnologías digitales han potenciado nuestra misoginia latente y todo aquello que proviene de la mujer levanta recelo. Al menos desde la tardía Edad Media, como escribí recientemente en un ensayo sobre el mestizaje “al revés” que vivió Chile a la llegada de los españoles, la valoración del ideal femenino proviene de la consecución de sus capacidades reproductivas y su devoción a los valores religiosos. Llegar a eso es doblemente difícil para la mujer, según la lógica conservadora, pues su misma naturaleza la hace “propensa a desvaríos”. Esta forma de pensamiento se implantó transversalmente en todos aquellos países que fueron conquistados por los europeos durante el Renacimiento (los conquistadores eran hombres con un pensamiento más medieval que moderno).

Pero en México se debe agregar otra capa a ese hecho histórico. La lógica conquistador-conquistado convirtió a la mujer europea en el bien más preciado tanto para los españoles como para los nativos. Para los primeros significó la conexión y extensión con su mundo y sus costumbres, valioso sustituto ante la escasa posibilidad de aumentar su riqueza con oro o plata; para los segundos, un botín, pero también una forma de acercarse y convertirse por apropiación en el misterioso extranjero, acción en donde iban confundidos sentimientos de ternura, odio y venganza.

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La misma lógica sigue a la fecha: agredir, acosar o gritarle a una mujer con rasgos europeos o mestizos en las calles mexicanas, significa revertir el orden y quebrar el respecto que se le debía dar a la mujer extranjera, protegida por la “cultura superior” española. La mujer con rasgos europeos se convierte así en una bisagra entre dos mundos: aquel que intenta implantar el conquistador y el mundo de los “salvajes” que intenta apaciguar. Lo mismo no sucede con las mujeres nativas, quienes son “parte de la naturaleza”. La diferenciación se da hasta la fecha, a mayor o menor grado, aunque el acoso es constante contra todas.

Ahora bien, no conozco a @Plaqueta, pero supongo que comparte muchas características con otras mujeres jóvenes cosmopolitas de su misma generación. Vive sola, con roomies o su pareja en una colonia bien conectada de la Ciudad de México, gana un salario respetable y de vez en cuando sale con sus amigos a pasar un buen rato. ¿Hasta ahí nada fuera de la norma, correcto? El problema es que ese comportamiento tan normal en las democracias avanzadas es francamente reprobable para enormes capas de la sociedad mexicana. El nivel socio-económico es irrelevante. El cuestionamiento a este estilo de vida es transversal del rango A+ al D-.

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Quien se cree fue Simonetta Vespucci (1453-1476),  ideal de belleza en el Renacimiento italiano. La pintura es de Botticelli y la obra se llama “Retrato de una joven”.

Como escribí en otro texto histórico, debemos recordar que durante gran parte del Renacimiento, la mujer dependió del hombre prácticamente toda su vida; primero con su padre, después con su marido. Su dependencia era negociada, pues la finalidad última era el matrimonio, en donde se tranquilizaba al “útero insaciable” y se domesticaba la histeria. Se le daba algo de educación, pero la mujer autónoma era impensable. En pocas palabras, en el matrimonio alcanzaba toda su dimensión

Así, la mujer adulta, si no era religiosa, debía ser madre, papel que además incluía la transmisión de los valores religiosos y las costumbres sociales.  Idealmente era silenciosa, responsable, paciente y dedicada. Pero en el Renacimiento también cambió el ideal de belleza femenino. De hecho, ahora la belleza exterior debía reflejar la belleza interior, y además debía dar carácter y posición social, algo muy distinto a la Edad Media. Así, ser bella se convirtió en una obligación: piel blanca, cabello rubio, labios y mejillas rojos y cejas negras. La identidad femenina se ligó para siempre a la belleza. La virgen-mártir fue la máxima expresión de dicha belleza: de ahí la gigantesca explosión de reclusas, beguinas, pinzocchere (hermanas de vida en común), beatas, y otras mujeres consagradas a Dios que se dio durante esta época.

¿Pero cuál es el origen de la supuesta superioridad del hombre sobre la mujer? Para eso hay que voltear a las estrellas y conocer los pensamientos de Ptolomeo y Copérnico, como explica Katherine Dyckman en The Spiritual Excercises reclaimed. Uncovering liberating possibilities for women (2000):

Deberemos centrarnos en una Europa que estaba por vivir la Revolución Científica, un proceso sumamente complejo que empezó con la teoría de Copérnico sobre las esferas celestiales (1543). Antes de esa planteamiento, el pensamiento de los estudios del Occidente se había basado en las obras de Platón, Aristóteles y la cosmología del griego Ptolomeo. Tomás de Aquino (1224-1274) abrazó el pensamiento aristotélico, asumiendo la inferioridad y la subordinación femeninas, así como la cosmología geocéntrica aristotélica y ptoloméica. El mundo cristiano aceptó esta cosmología porque era compatible con los escritos bíblicos y, además, proporcionaba balance.

Ptolomeo creía que los planetas eran una serie de esferas concéntricas en donde las capas menores eran movidas por las superiores. Cada capa se encontraba inserta en una específica y etérea esfera, la cual la transportaba. La esfera de las estrellas rodeaba a todas. Así, en la época patrística y el medioevo las personas pensaban que existía un reino de viento entre la Tierra y la Luna que era habitado por espíritus demoníacos, sitio en donde reinaba el diablo sobre el mundo no-humano y no-cristiano.

Pero en la versión supralunar de Ptolomeo, existía una región mágica de éter entre la luna y las estrellas, la cual era inmutable e inmortal. Esta escala naturae o “gran cadena”, metafóricamente, proporcionaba una jerarquía de existencias entre la sustancia incorruptible del mundo divino, en donde cada una impartía forma y cambio a lo que se encontraba debajo de ella.

En el pináculo se encontraba el primum movens, aquel que “mueve sin ser movido”. Mientras más lejos se estuviese de este punto, menor era el ser. Las mujeres se encontraban hacia la parte baja de la cadena, por arriba de animales y materia sin vida. El dualismo jerárquico de mente sobre cuerpo era duplicado en la jerarquía del hombre sobre la mujer y de lo humano sobre lo animal en la naturaleza. Se entiende entonces que la teología medieval era una de cosmología geocéntrica. La física y la religión se encontraban unidas, lo que proporciona una visión del mundo estática, jerárquica, dualística, antropocéntrica y androcéntrica.

Sin embargo, antes de la teoría de Copérnico se instalara, la mujer había tenido cierta “protección metafísica” al estar ligada simbólicamente con la Tierra. Eso cambió cuando la teoría de Copérnico comenzó a popularizare y el Sol, no la Tierra, se hizo el centro del universo.

Esta visión mecanicista del mundo resultó aún más perjudicial para las mujeres. La idea no cambiaría a pesar de los avances físicos de Newton. A partir de esta época el cosmos se volvió una máquina sin vida. La mente racional se volvió el ser esencial, mientras que la materia, la naturaleza y el universo se convirtieron en objetos para ser explorados y dominados. La naturaleza entonces podía ser subyugada y manipulada. La mujer, a la cual aún se identificaba literal y simbólicamente con el mundo natural, también debía ser analizada, subyugada y manipulada, pues no distaba mucho de ser un objeto más.

LA PROPAGACIÓN DIGITAL DEL MACHISMO

En esencia, los mensajes más redifundidos sobre el caso @Plaqueta replican la lógica instaurada en el hombre del Renacimiento y la posterior Revolución Científica, ligada a esa dominación mecánica sobre las mujeres. En este contexto, la denuncia por acoso aparece como un acto de una persona que intenta revertir su posición subyugada natural, ahí donde vive y se reproduce el machismo. De ahí el origen de los tuits de odio en su contra.

Un vistazo a los 50 retuits más populares revelan esa profunda realidad mexicana. De esa cifra, nada menos que 40 son brutalmente agresivos. No pasivo-agresivos. No. Abiertamente agresivos. Como se puede ver, y tal como expliqué arriba al hablar del ideal de belleza femenino, la gran mayoría de ellos atacan su apariencia física. Los otros están ligados a una supuesta hipocresía entre tuits enviados por la bloguera con siete años de diferencia. Es decir, la mujer tampoco tiene derecho al olvido, al contrario, cualquier dato podrá y será usado en su contra.

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LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS

Para cerrar el tema haré copy-paste de unas palabras que escribí hace unas semanas. Sigo creyendo lo mismo, pero veo con tristeza como los derechos humanos se pisotean cada vez con mayor facilidad en nuestro país. El problema no se resolverá–mucho menos el acoso–hasta que se entienda que la calle y lo público debe ser el lugar al que mayor cuidado se le debe proporcionar, tanto en lo físico como en los comportamientos que ahí se ejercen. El espacio público no es espacio para subvertir el orden, sino para instaurar aquellos comportamientos que deseamos puertas adentro: respecto, orden, compasión con el otro. Dicha labor se construye entre hombres y mujeres.

A todo esto, vale la pena reflexionar sobre las miles de oportunidades económicas y sociales que se desvanecen de México cada vez que una mujer sufre misoginia. Dicho comportamiento, cuando se multiplica, denigra la imagen de todos los mexicanos. Es momento de erradicarlo.

Todos los derechos reservados. Eduardo Portas 2017. Cualquier reproducción de este texto queda prohibido por las leyes de Derecho de Autor. Si quiere hacer uso de un extracto de este texto, por favor contacte a @EduPortas.

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EduPortas

Historiador y periodista. Doy clases en la Ibero y la Anáhuac. Me gustan los peces.

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