¿Por qué los mexicanos desconfían de nosotros los periodistas?

El despreciable asesinato de la periodista Miroslava Breach, quien trabajaba para La Jornada en Chihuahua, ha puesto la atención sobre el gremio periodístico mexicano por enésima ocasión. La muerte obliga a todos los mexicanos a cuestionar la esencia de su sociedad. ¿Cómo es posible que vivamos en un país en donde han sido asesinados 122 trabajadores de la información desde el año 2000?

Por Eduardo Portas @EduPortas

Las autoridades locales, como generalmente pasa en estos casos, ya han dicho que harán todo lo posible para tratar de esclarecer la muerte de la periodista. De hecho, el caso ya fue atraído por la Procuraduría General de la República, a través de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión. Mientras tanto, el Gobierno federal declaró que la periodista no estaba bajo protección de los mecanismos oficiales pues nunca les declaró ninguna amenaza o riesgo. El gremio de los informadores ha dicho que tal proceso no funciona, en vista de la cercanía y las filtraciones que frecuentemente las instituciones tienen con grupos de interés opuestos a los periodistas.

En el fondo, todo habla de una tremenda desconfianza que circula desde hace décadas entre todos los mexicanos, no solo aquellos que se dedican a informar sobre los hechos públicos. Esta desconfianza contra las instituciones y los medios no es exclusiva de nuestro país. De hecho, llegó a su punto más alto con la reciente victoria de Trump en los Estados Unidos, personaje que basó su campaña en la desconfianza institucional y la crítica mediática. Y ganó.

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¿Sucederá algo similar en México dada la mediocre opinión que los mexicanos tienen sobre los periodistas? La afirmación no es gratuita. Baso mi aseveración en el último reporte sobre confianza institucional publicado por Consulta Mitofsky. Ahí se lee claramente que la confianza que los mexicanos tienen hacia los medios de comunicación ha disminuido desde el 2004. Ahora, los medios tienen una mediocre calificación por apenas arriba de los 6.2 puntos sobre 10 (los partidos políticos son el peor calificado con 4.8 puntos).

LAS RAZONES DE LA DESCONFIANZA

  • El mexicano asocia la suciedad de los partidos políticos y el gremio de seguridad pública con la cercanía que algunos periodistas guardan con ellos. “Dime con quién te llevas y te diré quién eres”. La liga es obviamente injusta, pero existe. Es decir, hay poco o nulo prestigio en la actividad periodística en general. Esta asociación fue explicada hace unos años en un conocido libro de Bernard Poulet, periodista y sociólogo francés.
  • La segunda razón es tristemente cínica. Los mexicanos que hablan de periodistas asesinados tienden a creer que si la persona fue muerta violentamente es porque “andaba en algo”. Traducción: tenía alguna liga con el narco. Cierto o no, la percepción ha penetrado en el vox populi.
  • Tercero. El periodista queda atrapado entre el desprecio/utilidad de su fuente y la desconfianza generalizada de la sociedad. No queda bien con uno ni con otro. En muchas ocasiones, eso implica olvidar su objetividad para conseguir aliados y romper esa delicada línea entre el sesgo involuntario humano y el sesgo motivado por grupos de interés. El resultado lo percibe claramente la audiencia y la credibilidad del periodista se hunde aún más.

Tampoco se puede olvidar que los propios periodistas hemos abusado, en ocasiones, de la confianza que la misma sociedad nos otorga. El caso más obvio es el reciente robo de las camisetas de Tom Brady a cargo del innombrable Mauricio Ortega, ex director de La Prensa.  Con frecuencia, además, los periodistas hemos sido adictos al poder, creyendo ingenuamente que nuestra casta como trabajadores de la información nos otorga algún derecho especial sobre los otros.

EL CONTEXTO HISTÓRICO MEXICANO

El legado histórico del periodismo mexicano no es nada halagador. A mediados-finales del siglo XIX comenzó a destacar la figura del reporter en la primera versión del diario El Imparcial. Esa figura, por primera vez, se encargo de informar y llevar al juicio público aquellos temas que consideraba relevantes. Antes de esa fecha, el periodista mexicano era básicamente un político con habilidad escrita y algún interés en un negocio de imprenta. La moda del reporter nos llegó, como muchas otras cosas, de Estados Unidos e Inglaterra. Y tal como sucedió en esos países, los periodistas mexicanos del siglo XIX eran mal pagados y trabajaban largas horas, pero lo hacían por la exposición pública que su nombre llevaría. El objetivo final era frecuentemente un cargo público. Muchos de nuestros grandes héroes de la Independencia y la Revolución, es cierto, fueron periodistas. 

El periodista “profesional”, como lo conocemos hoy en México, es una oficio bastante nuevo. De nuevo, fue un modelo más que nada importado por el diario El Norte (Grupo Reforma) en la segunda mitad del siglo XX. Ahora el interés del periodista sería la opinión pública en sí-sus lectores-y ya no la aspiración de ocupar algún cargo público. La base de dicho cambio sería la posibilidad de vivir con un salario decente de una sola fuente (el medio).

Muchos periodistas, sin embargo, no ganan lo suficiente como para mantener una familia a partir de su sueldo devengado de un solo medio. Con frecuencia, se deben acercar al poder de distintas formas. Y de nuevo, regresamos al punto inicial:

Cuando el periodista asume que los intereses de un grupo en particular son mayores a los de la población en general ha perdido su camino. En México, esa realidad es dolorosamente obvia para todos aquellos que hemos pasado un buen rato en redacciones informativas.

Los periodistas nos hemos quejado de esta situación. En particular cuando la violencia llega a niveles intolerables, tal como sucedió con la marcha del gremio en el 2011. En esa ocasión lo dije y lo vuelvo a repetir ahora: debemos quejarnos contra los medios que nos contratan bajo condiciones deplorables y no contra el gobierno. Es la maquinaria mediática la que dispone de las vidas de sus trabajadores como partes intercambiables. No exagero cuando escribo “vida”, pues el medio espera la fidelidad absoluta del trabajador cuando pacta trabajar con él. Cuando los periodistas le exijamos mejores condiciones de trabajo a nuestros patrones mediáticas podrá comenzar a cambiar la situación. Esa presión del gremio a los patrones por mejorar la seguridad de los periodistas llegará a al gobierno, quien es el principal responsable de otorgar las garantías generales de seguridad. El patrono, las particulares.

PALABRAS FINALES

En resumen:  la desconfianza social que existe en México hacia los trabajadores de la prensa tiene mucho de historia y bastante de prácticas particulares del gremio. Los periodistas debemos ser los primeros en tratar de romper ese desdichado círculo que nos deja al mismo tiempo sin el respaldo social necesario para forjar una prensa ligada a los intereses del bien público, y por otro, atados a los salvajes impulsos asesinos de aquellos que bloquean nuestro trabajo.

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ALGUNOS DATOS DE TWITTER SOBRE EL ASESINATO DE MIROSLAVA BREACH

A lo largo de este trabajo he intercalado imágenes recabadas en Twitter de la conversación pública alrededor de la muerte de la periodista. En gran parte, son mensajes enviados por el mismo gremio periodístico, reforzando la hipótesis central de este texto en el sentido de que la sociedad en general prefiere no tratar el asunto. Los periodistas hablan entre ellos mismos, rara vez con la sociedad en general. Fuera de eso no hay mucho que decir sobre lo que se encuentra en Twitter. Si alguien desea revisar los 20 mil tuits recolectados a lo largo del jueves 23 de marzo, lo puede hacer aquí.

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Todos los derechos reservados. Eduardo Portas 2017. Cualquier reproducción de este texto queda prohibido por las leyes de Derecho de Autor. Si quiere hacer uso de un extracto de este texto, por favor contacte a @EduPortas.

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EduPortas

Historiador y periodista. Doy clases en la Ibero y la Anáhuac. Me gustan los peces.

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